Atenas, la ciudad imperfecta

Vistas Acrópolis.

Vibra el suelo. Lo sentimos en los pies.

Atenas no es fácil como aquellas ciudades a las que nada más llegar dilatan pupilas y desencajan mandíbulas. No da mucho a los desconocidos, a Atenas hay que ganársela. Si eres de los fieles a la primera impresión, ni te interesa ni le interesas.

No es lo más acertado basar los destinos de viaje siempre en expectativas previas, pero no se puede negar que están ahí y que no siempre las vencemos. Lo ideal parece, como tantas veces, el punto medio: intentar llegar a los lugares sobre los que tenemos un pensamiento positivo y aventurarnos a descubrir lo desconocido y lo que valoramos menos, no hay que olvidar que son percepciones que hemos creado sin experiencia real. Después de este y otros viajes (especialmente Irán), nuestro ideal ha cambiado y nos interesa cada vez más visitar lugares hacia los que tenemos prejuicios. Así, en nuestra particular libreta de récords, la capital griega tiene un hueco por ser uno de los lugares que más nos ha sorprendido para bien, según las expectativas previas que teníamos.

 

Primera impresión

Llegamos al Puerto del Pireo un viernes después de la media noche. Baja la rampa, paran las sirenas, el pelotón se apresura a desembarcar, pisas el suelo, levantas la cabeza y empieza el caos ateniense. La primera imagen de la ciudad no es una postal como las de los atardeceres en Santorini; es ruido, no hay orden ni colas, los coches están aparcados donde encontraron un hueco sin importar dejar a otro atrapado, las pintadas lo cubren todo, los colores del semáforo no parecen marcar muchas diferencias, el cinturón de seguridad y el casco no es asunto de ellos…

Tren.

En el metro seguía el mismo ambiente. Además, aunque luego descubrimos que la mayoría de trenes son bastante nuevos, justo el que va desde el puerto al centro hace un ruido ensordecedor y parece que vaya a descarrilar en cualquier momento.

Bajamos en Monastiraki, donde habíamos quedado con nuestro amigo Emilio. Es una de las plazas céntricas y principales. Durante los días en la ciudad, pasamos por allí unas cuantas veces. Es un espacio muy vivo, con música y espectáculos en la calle, donde la gente sonríe y se saluda. Los alrededores de la plaza forman un laberinto de callejuelas estrechas plagadas de coloridos comercios contiguos, al más puro estilo mercadillo, donde los visitantes volvemos la cabeza de un lado a otro sin éxito al intentar verlo todo. Comida, souvenirs, calzado, ropa, artículos de segunda mano mezclados en una caja… de todo se vende por allí.

De allí nos fuimos caminando a su casa, en un barrio residencial cerca del centro. Pasamos por la famosa plaza Syntagma, también animada casi a cualquier hora y símbolo de la protesta contra las restrictivas medidas impuestas en el país desde 2009 a causa de la crisis económica. Con el Parlamento Griego de fondo, de un color entre amarillo y rosado dependiendo de la luz, nos pareció uno de los espacios más abiertos, amplios y despejados de la ciudad.

 

La Acrópolis

Al día siguiente nuestro plan principal era visitar la Acrópolis. No me atrevería a opinar, en lo que a arte se refiere, sobre un grafitti cualquiera pintado en una acera de Exarchia, así que no puedo decir nada sobre la Acrópolis que no esté dicho ya por entendidos. Lo que sí que puedo hacer es hablar de nuestras sensaciones. Escuchamos tantas veces esa frase: “La Acrópolis no es para tanto, son solo unas ruinas”, que realmente pensábamos llegar allí y ver piedras en el suelo. Solo podemos decir que es un monumento que nos impresionó por lo que es, que transmite una grandeza sobrecogedora con apenas unos edificios en pie y que ofrece unas vistas de la ciudad que te pueden mantener allí horas sin otro fin que simplemente mirar.

Acrópolis.

Estando ahí arriba, unas gotas de lluvia nos recordaron que el tiempo sigue contando y nuestro estómago despertó. Suerte que de camino al centro pasamos por casa para coger los chubasqueros.

 

Comida rápida

Decidimos caminar bajo la leve lluvia hasta encontrar un lugar que nos invitara a entrar a comer, y así aprovecharíamos la búsqueda para ver por primera vez a la luz del día las calles del área céntrica. Eran nuestros primeros pasos y nos estaba costando encontrar un lugar acogedor, que no pareciera turístico y que sirviera comida local. Queríamos simplemente comida rápida. El fast food en Grecia no es lo que (al menos nosotros) entendemos por fast food. Se nos vienen a la cabeza cadenas de comida rápida americanas o como mucho kebabs o pollos asados. No nos pasa a menudo que salgamos en busca de este tipo de comida, porque suele ser el plan de emergencia. Pero en Grecia nos gustó como plan principal, ¡nos encantó! Gyros, souvlakis, tomatoballs, muchísimas opciones vegetarianas, y todo a un precio muy muy amigo.

Al principio no nos importó nada esperar para comer, pero la lluvia comenzó a ser intensa, los chubasqueros de papel y las exigencias bajaron. Un quiosquero bigotudo y alegre nos dijo que en la siguiente calle había muchos restaurantes de comida rápida (entre ellos el único McDonalds que vimos en Grecia) y a pesar de las reticencias fuimos a ver. Al salir a la avenida principal apareció ante nosotros la imponente plaza Syntagma, así que allí cerca nos sentamos. Dadas las circunstancias podríamos haber acabado en cualquier lugar con techo y algo de comer, incluso en un supermercado, pero vimos un restaurante abierto y con buena pinta y corrimos hacia allí. The Greco´s Project se llama. Es un lugar agradable y con una buena relación calidad precio. Sirven gyros y comida típica griega en general. Nos dejamos un hueco para el postre en el local que hay justo al lado, imposible no ver su escaparate con montañas de azúcar de colores en forma de bizcochos, pasteles y tartas. Probamos una especie de baklava en forma de nido con frutos secos y pistacho y un postre típico llamado kazan dipi, con textura de flan, hecho con leche de búfalo y un poco quemada la capa superior, como una crema catalana. Un poco caro pero… ¡delicioso!

 

Vagar por Atenas

Al acabar nuestro banquete de comida rápida y azúcar el cielo se había despejado. Íbamos a dar un paseo y volver a casa a ducharnos y mirar cosas que ver en la ciudad los dos siguientes días, pero en esas tres horas caminando sin rumbo tuvimos claro lo que queríamos hacer en Atenas el resto del tiempo: seguir paseando sin prisa por donde los pies nos llevaran. Seguir a tus pies allí significa dejarte guiar por los olores, por las sorpresas que encuentras detrás de muchas esquinas, por unos restos de hace siglos que no esperabas encontrar, por la música, por un edificio llamativo, por un grafitti descomunal, por una plaza llena de gente… Es contemplar las casas abandonadas durante décadas, a juzgar por los enormes árboles que viven en ellas, pegadas a edificios de nueva construcción. Ya lo he dicho: esta ciudad no es fácil. Si no le dedicas tiempo y ganas, es posible que vuelvas diciendo que no es gran cosa, que es sucia, ruidosa y desordenada, y que en un día ves lo más importante.

Calle Atenas.

Animamos a no abandonar tan rápido y dedicarle unos paseos relajados por sus calles llenas de arte, vegetación, gatos y perros. Los animales llaman mucho la atención, porque hay muchos, son callejeros pero conviven con las personas, limpios y bien alimentados, como si fueran de todos y no de nadie, agradecidos de que te acerques a darles mimos.

Gato en Atenas.

Perderse por el barrio de Plaka y llegar a la parte más alta, ir dejando atrás los bares de farolillos para turistas y entrar en un oasis en el centro de la caótica ciudad, lejos del tráfico y las anchas avenidas. Por las angostas y pintorescas calles se puede llegar a un paseo verde en el que acompaña al paso una larga panorámica de casas que se funden en el horizonte. Por allí se llega a unas rocas: el mirador de Vrachakia. Es un lugar extenso y tranquilo perfecto para tomar unas latas y disfrutar del atardecer con buenas vistas.

Vistas de Atenas.

No salimos por Gazi, que oímos de él que es el barrio fiestero de la ciudad. Pasamos por allí el domingo por la noche para cenar, después de pasar una tarde lluviosa de otoño en Atenas. El ambiente estaba tranquilo en la plaza principal y allí en un banco tomamos un par de Alphas antes de sentarnos en uno de los muchos restaurantes de los alrededores. La comida, una vez más, fue exquisita y barata.

Después de haber sentido el ambiente festivo y callejero de Atenas, el sábado por la noche habíamos acumulado ya curiosidad y ganas suficientes para salir a buscar la vida nocturna. En vez de Gazi, nuestro amigo nos llevó a Exarchia. Es un barrio curioso, de corazón anarquista y revolucionario, donde la policía no es bienvenida y cada espacio público está a disposición de los que allí viven o van. En otra entrada contaremos nuestra noche en este lugar.

Streetart en Atenas.

En el centro no podríamos ni decir por los sitios que pasamos, porque no hubo mapa ni camino, pero cada paso mereció la pena.

Atenas no es fea, Atenas es imperfecta y usada, una ciudad de su gente.

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2 comentarios en el artículo "Atenas, la ciudad imperfecta"

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