Viajar: lo que nos enseña y nos hace sentir

Son muchos los que nos dicen “¡Vaya vacaciones os estáis pegando!”. Es verdad. Estamos viajando y no tenemos que ir a trabajar, por lo que teóricamente estamos de vacaciones. Pero también es cierto que, como mucha otra gente, nuestras vacaciones no consisten en estar tumbados en la hamaca de un hotel con los ojos cerrados y la mente en blanco (no podemos negar que algunos ratitos lo merecen). Gracias a estos meses estamos experimentando un aprendizaje y crecimiento personal, social y de la realidad que difícilmente hubiésemos alcanzado de otra manera. Ahora sabemos con certeza que cada viaje, largo o corto, en solitario o con compañía, lejos o cerca, puede cambiar y cambia algo dentro de nosotros. A veces son cambios irreversibles y otras al menos podemos transformar algo pequeño o temporal, lo cual puede ser muy positivo. Dentro de las reflexiones que estamos haciendo, vamos a contar algunos de los sentimientos viajeros que sacamos de ellas.

 

Emoción

Cuando las cosas se hacen muchas veces suelen perder emoción. En la rutina, por definición, repetimos gran parte de nuestra forma de vivir a diario. En algún momento dejamos de mirar las cosas ordinarias: los edificios en el camino al trabajo, la ropa de la gente o la forma de conducir y de comer, se nos escapan infinidad de detalles que están delante de nuestros ojos pero han quedado atrapados en la cotidianidad. Viajar despierta ese sentido que nos hace estar atentos a cada pequeño detalle, trae la emoción de la primera vez a nuestras vidas de una forma asombrosa. En grandes y pequeñas cosas, no paramos de sentir la curiosidad y los nervios por todo lo nuevo que se nos presenta en el día a día.

La emoción de llegar a un sitio desconocido, hablar con otra gente, probar comida exótica, ver animales nuevos, conseguir un vuelo barato, visitar lugares soñados, enamorarse, hacerse entender, aprender,… Algunos de estos hechos pueden realizarse sin moverse, pero cuando están encajados en otro entorno adquieren un significado totalmente distinto.

 

Tolerancia

“Viajar es un ejercicio con consecuencias fatales para los prejuicios, 
la intolerancia y la estrechez de mente.”.- Mark Twain

Y así es exactamente. Todas las personas que se cruzan en nuestro camino con un aspecto, religión, forma de pensar, valores y actitud ante la vida diferentes, nos demuestran que sienten, ríen, lloran, interactúan, sufren y aman. Después de todo, aprendemos a mirar a los demás sin filtro previo.

 

Confianza

Cuando llegamos a un lugar nuevo, la gran mayoría de la gente tiene más control que nosotros sobre dicho lugar. No sabemos cómo funciona el transporte público, cuáles son las normas de convivencia, a qué animales deberíamos temer, dónde se come mejor o si es peligroso caminar por la noche a solas. Muchas veces nos vemos obligados a confiar en personas extrañas y, lo mejor de todo, es descubrir que en casi todos los casos son personas maravillosas que solo quieren ayudar y a las que también les emociona la novedosa situación.

Por otro lado, gracias a la cantidad de momentos diferentes y nuevos a los que nos estamos enfrentando, estamos aumentando la confianza en nosotros mismos y la de uno en el otro.

 

Renovación

“Viajar y cambiar de lugar revitaliza la mente”.- Séneca.

Viajar revitaliza la mente, no hay más. Cuando viajamos nos estamos exponiendo continuamente a otros puntos de vista, otras perspectivas y formas de ver la vida, maneras de actuar ante diversas situaciones y creencias diferentes. En nuestra zona de confort tendemos a preocuparnos y emitir juicios sobre la realidad que nos rodea condicionados por nuestras circunstancias y muchas veces nos aferramos a ideas preconcebidas. Cambiar estas circunstancias ejerce un poder fortísimo en la depuración y evolución de nuestros valores ayudándonos a decidir mejor y opinar de forma consciente.

 

Cultura y sabiduría

Cuántas veces habremos mirado en el mapa dónde se encuentra aquel lugar, buscado qué se come en aquel país, cuándo se independizó, qué ropa llevan los integrantes de aquella cultura, cómo vive la gente en ese sitio tan peculiar, dónde habitan esos animales o qué idioma se habla allí. Nos hemos informado y luego se nos ha olvidado, al menos gran parte de lo que leímos o nos contaron. Cuando el aprendizaje viene de la propia experiencia somos capaces de retener una cantidad de información mucho mayor.

 

Paciencia

“Cuando viajas, recuerda que los países extranjeros no están diseñados 
para que te sientas cómodo. Están diseñados para que su propia gente se 
sienta cómoda”.- Clifton Fadiman

Y de la misma manera están planeados los servicios y todos los factores que conforman su realidad. Y las personas que viven en esos lugares actúan de acuerdo a sus propios códigos de conducta. Y lo que a ellos les parece normal, a nosotros, que nos regimos por otras reglas, nos puede sacar de nuestras casillas. Viajando aprendemos a aceptar este hecho y adaptarnos con una sonrisa a las diferentes maneras de hacer las cosas.

Nunca habíamos esperado un transporte durante horas con tanta paciencia, pero uno aprende observando lo tranquilos que están las decenas de pasajeros en el andén.

 

Valentía y atrevimiento

Además de volvernos más osados por el simple hecho de resolver problemas nuevos y vivir situaciones diferentes, el cambiar de lugar nos anima a probar lo nuevo, a experimentar lo que no nos hace falta experimentar cuando estamos en casa.

Yo, por ejemplo, he estado años huyendo de la comida picante. Si lo probé una o dos veces hace no sé cuantos años y al rozarme la lengua ya me parecía desagradable, ¿para qué lo voy a volver a intentar? Ni otro tipo de picante ni otra comida, le hice la cruz. Llegar a un lugar donde este sabor es la base de la gastronomía me animó a probar nuevos sabores y, aunque no me he convertido en una amante y siempre pido “poco picante”, ahora me encanta el toque que dan algunos alimentos!

(Es cierto que se puede vivir sin comer picante pero está claro que si tengo un ejemplo de comida, ese es el que me viene primero a la mente).

En general, viajar nos ayuda a superar miedos.

La noción del tiempo

¿Qué día es hoy? no es una pregunta muy frecuente, pero si surge nunca podemos responder con rapidez y necesitamos el calendario para estar seguros. La hora también ha perdido bastante importancia. Se agradece mucho levantarse cada día con ganas sin tener en cuenta el nombre que le damos. Los lunes no existen.

Pero lo más interesante es el sentimiento de que el tiempo pasa despacio, de sentirnos dueños de nuestro tiempo y ser conscientes de lo que vivimos. Las típicas frases que solíamos decir del tipo “¿Ya es lunes?. “¿Ya ha pasado la semana?” o “¿Ya es verano? ¡Si hace nada estábamos en Navidad!”, han mutado de forma drástica a otras como: “¿Hace solo dos semanas estábamos en Filipinas? ¡Han pasado tantas cosas desde entonces que parece muy lejano!”. Percibimos que la vida pasa más lenta, por lo que tenemos la sensación de que vivimos más.

“No viajamos para escapar de la vida, 
si no para que la vida no se nos escape”. - Anónimo

Optimismo y Vitalidad

¡Qué difícil es levantarse a las ocho de la mañana para ir a sentarse en una silla y qué fácil es levantarse a las seis para hacer una dura excursión!

La novedad y la libertad que nos ofrece el viaje nos llena de ganas y energía.

 

Autoconocimiento

"Nuestro destino de viaje nunca es un lugar, 
si no una nueva forma de ver las cosas".- Henry Miller.

El conocimiento personal que aporta el viaje es en gran parte una consecuencia de todos los puntos anteriores.

Somos seres sociales que nos desarrollamos a la par que nuestro entorno. Cuando la realidad que nos rodea es siempre la misma, nosotros solemos cambiar poco. Cada día nos enfrentamos a situaciones parecidas y hemos creado unos mecanismos de respuesta que se convierten en patrones de conducta. Las nuevas circunstancias nos presentan preguntas a las que tenemos que buscar soluciones que escapan a nuestro esquema. Este ejercicio no solo nos ayuda a resolver lo que nos ocupa en el momento presente, si no que nos hace replantearnos la manera en la que pensamos y someter a juicio lo que hace tiempo dimos por sentado.

Además, en nuestro entorno diario nos sentimos condicionados por la imagen que los demás tienen de nosotros. Tenemos un pasado que no está desconectado de nuestros actos en el presente, de manera que inconscientemente sentimos la presión de ser coherentes con ello. Al llegar a un lugar desconocido nadie dispone de información previa sobre nosotros, lo que nos permite descubrir más nuestro interior y la forma en la que realmente reaccionamos ante las diferentes situaciones. Cuando viajas eres lo que eres en ese momento.

 

 "Muere lentamente quien no viaja, ni lee, quien no sueña, 
quien no confía, quien no lo intenta".- Pablo Neruda
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