Oeste y llegada a Reykjavik: hemos dado la vuelta a Islandia!

 

Desde que salimos de Hvammstangi hemos tenido días y días. A veces brillaba el sol y otras llovía a mares. Además, el viento ha seguido sorprendiéndonos con más fuerza aún que en el norte. Algunas horas han corrido mirando por la ventana, pero hemos exprimido como un limón las demás.

Los fiordos del oeste los hemos visto, pero solo rompiendo el horizonte desde la península de Snæfellsnes. La razón es que es una zona de poco tráfico, especialmente una vez acabado el verano y la época de turismo en la isla. Y no solo eso, es que no hay carreteras para recorrerlos y se necesita un coche 4×4 para circular por sus pistas. Ya estamos imaginándonos cómo vamos a hacerlo cuando volvamos 🙂

Bajamos hasta Borgarnes y de ahí hacia la península. Hemos descubierto que es un lugar muy importante para los islandeses y que varias sagas famosas en su literatura se desarrollan en esta parte de la isla. Lo que nosotros sabíamos es que el volcán Snæfellsjökull fue el elegido por Julio Verne para alcanzar el corazón terrestre en su novela Viaje al centro de la Tierra, y nos hacía ilusión visitarlo. Es una montaña preciosa ya desde la carretera por sus colores y por el glaciar que la corona. La idea era ascender hasta donde empieza el hielo y descender en un día (nos informamos y era posible), pero el tiempo nos lo impidió. Hasta el mediodía, aunque con lluvia y viento, pudimos al menos recorrer un sendero más corto y fácil, desde el que nos desviamos hasta llegar a los pies de una bonita cascada y nos sentamos con vistas al pueblo y el mar.

Nos enteramos de que a la península de Snæfellsnes la llaman “Islandia en Miniatura” porque alberga muchos de los símbolos que representan al país. Hasta donde pudimos ver reconocimos algunos de ellos: volcán, glaciar, focas, puffins (unos pajaritos muy simpáticos, minipingüinos los he bautizado yo), campos de lava, fiordos, pequeños pueblos pesqueros, cuevas, muchas ovejas y muchos caballos.

Durante casi tres días, salíamos y entrábamos según el clima nos dejaba. Miramos las previsiones y para los próximos días no queríamos estar por allí. El viento era ya enloquecedor y al parecer iba a subir unos cuantos puntos en la escala. No nos podemos imaginar cómo iba a ser eso, pero preferíamos salir de Ólafsvík por carretera que por aire. A la mañana siguiente empezamos el viaje de vuelta a Reykjavik con algunos desvíos y paradas hacia la imponente naturaleza del oeste. Eso sí, antes de marcharnos, el cielo de Snæfellsnes nos regaló otra bonita aurora boreal.

Lo que más destacamos es Rauðfeldsgjá. Yo lo definiría como una gran abertura en una pared de roca por la que transcurre un riachuelo. Quizás dicho así no suena muy impresionante, pero entrar en la estrecha zanja y subir de piedra en piedra (zapatos impermeables muy recomendados), mirar hacia la luz que se cuela por arriba o saltar las pequeñas cascadas, es una experiencia realmente agradable. Ese día vimos dos performances diferentes allí dentro; una parecía un videoclip y otra una danza espiritual.

Aún nos quedan unos días por aquí, pero ya en Reykjavik podemos decir que este país es increíble. No podemos contar las veces que hemos dicho “esto parece la luna”, “qué lugar más impresionante”, “este es el sendero más bonito que he hecho en mi vida”, “esta vista es como una pintura” o simplemente “wow!!”. El viaje por Islandia sigue, pero sentimos que una parte ha acabado: hemos completado la vuelta en autostop que nos propusimos antes de venir y que no sabíamos si tendría éxito. Tenemos mucho que decir sobre esto, y lo haremos en cuanto tengamos más tiempo (ya hemos tenido tiempo :)). Lo que podemos escribir ya es que ha sido una experiencia muy positiva, fácil y enriquecedora. Nos ha permitido acercarnos a la cultura local y al turismo, hemos aprendido tantas cosas, crecido en muchos aspectos y nos hemos divertido muchísimo.

Queremos dar las gracias de corazón a todas las personas que se han cruzado en nuestro camino durante estos 18 días, convirtiéndolos en mucho más de lo que podíamos esperar.

Ahora estamos tomando decisiones sobre cómo vamos a pasar los últimos días, en una cafetería del puerto de Reykjavik con un chocolate caliente.

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