Pasar Rhamadan, la fiesta del atardecer

Kuala Terengganu

¿Has escuchado alguna vez el nombre de Kuala Terengganu? Lo más probable es que no. Y también es probable que no lo hubieras escuchado jamás si no fuera porque estás leyendo esto o planeas un viaje a Pulau Kapas (si no, hazlo!).

Kuala Terengganu. Nos costó memorizar el nombre y posiblemente ya lo hubiéramos olvidado si no fuera por los bonitos recuerdos que nos unen a esta ciudad costera del este malayo peninsular. La mayoría de los viajeros pasan de largo hacia el jeti desde donde salen las lanchas al paraíso. El único motivo para reservar una noche en un hotel de la ciudad suele ser esperar al barco de la mañana porque no llegaste a tiempo para coger el último. Nuestra razón fueron las preciosas mezquitas, y estas nos condujeron a una inolvidable tarde de picnic.

Por lo general, el este de la península es la zona más musulmana del país. Es cierto que Malasia es oficialmente un país musulmán, pero la realidad es que en sus territorios conviven un abanico de culturas y religiones muy variado y, cabe destacarlo, en una armonía envidiable. En las calles de KT las mujeres tapan su cabeza y visten con vestidos largos y el canto emana desde cada alminar a la hora de la oración. Hoy es nueve de junio y estamos en pleno Ramadán, el mes sagrado para los creyentes del Islam, en viernes, día sagrado.

Mezquita Blanca, en Kuala Terengganu.

Bajo el sol de buena mañana, que pega fuerte, la ciudad está desierta más allá de cada línea de sombra. En la estación de autobuses, la gente espera sentada o recostada sobre las banquetas de los negocios de comida cerrados. Pasamos por la Mezquita Blanca, impoluta y silenciosa. El día anterior, por la noche, los fieles que se habían acercado a rezar nos invitaban a entrar y visitarla con orgullo. Hoy, el único señor que permanecía sentado en el recinto vestido de blanco, nos sonríe y nos saluda con un leve gesto de cabeza, ahorrándose las palabras que provocan sed.

Puesto en el mercado local.

El ambiente del mercado local es otro. Algunos puestos han cerrado por Ramadán pero la gran mayoría exponen los coloridos y a veces extraños productos de siempre. Las compras de la mañana llenarán las mesas para la cena. Todos sonríen, se sorprenden al vernos allí, nos ofrecen probar lo que miramos con curiosidad. Pero el tiempo de ayuno mantiene alerta las reservas de energía y el ruido ha quedado reducido. Nosotros, sin remedio, nos hemos quedado prendados una vez más. Al salir encontramos un mercado de durians. Así es, una calle entera adornada con una hilera de puestos vendiendo montones de esta fruta de tan desagradable olor. Yo me pregunto de nuevo cómo pueden adorar semejante mezcla de alguna fruta que no he conseguido identificar y cebolla, porque así es como sabe, con esa textura de puré espeso. Juro que por más que me insistan se acabaron las oportunidades para el durian.

Unos poquitos durians.

Volvemos al sol. Cerca del mar encontramos otro gran mercado, esta vez al aire libre, totalmente cerrado. “Este debe ser el Pasar Rhamadan”, decimos, uno de los lugares que queremos visitar antes de irnos a las islas. En Kuching ya había estado en uno de estos bazares de comida que abren exclusivamente para este mes, pero con un poco de prisa. Me había quedado con ganas de probar más cosas, de preguntar, de fijarme en todo y disfrutar del torbellino de especiados olores.

Arte callejero en Kampung Cina.

Kampung Cina es el nombre que usan los locales para referirse al Chinatown de Kuala Terengganu. ¿Existen ciudades malayas que no lo tengan? El barrio chino es totalmente ajeno al ayuno musulmán. Las mesas de los restaurantes ocupan sus aceras techadas y los camareros no dan abasto. Elegimos uno abierto a ambas calles, la principal del barrio y la que tiene vistas al mar. Los trabajadores nos reciben casi como si fuésemos famosos, contentos de tener visita internacional. Todos. Los chinos, los indios y los malayos. Musulmanes, budistas, ateos, hindús, cristianos o lo que sea. Porque en Malasia abunda la diversidad. Una camarera de largo y con hiyab nos sirve la bebida. La comida la trae una mujer con pantalón corto.

Nunca imaginamos que en Malasia veríamos tanto arte callejero. En Kampung Cina, patrimonio de la humanidad por la Unesco, rebosa. Pintadas, esculturas, hierro, objetos aleatorios creando arte, decorados para hacerse fotos… Una de las calles perpendiculares a la principal está dedicada a las tortugas. En este estrecho pasaje el arte se vuelve concienciación para la conservación de estos animales marinos.

Uno de los muchos decorados de Kampung Cina.

El parque del Islam está a las afueras de la ciudad y en él están reproducidos a pequeña escala algunos de los monumentos más famosos del mundo musulmán: la Alhambra, el Taj Mahal… Nuestro taxista, con sangre de guía turístico, hace una parada para mostrarnos la mezquita flotante, una bella construcción sobre el agua del lago que reina en un parque inmenso, una paz indescriptible. Finalmente llegamos al objetivo: Masjid Kristal. La mezquita de cristal se alza también frente al agua. Es un edificio rodeado de jardines, con una estructura elegante que recoge reflejos y los reparte de una manera única. Allí pasamos la mitad de la tarde.

Masjid Kristal.

Mezquita flotante.

 

Pasar Rhamadan

El atardecer estaba por llegar y no sabíamos cómo volver a la ciudad para buscar aquel mercado, así que nos acercamos a las primeras personas que nos cruzamos para preguntar. Las tres tímidas chicas, que habían venido hasta el parque para disfrutar de su día sagrado, se dirigían justamente a Pasar Rhamadan, así que nos invitaron a subir en su coche. Por el camino cantamos en español y aprendimos nuevas frases en su idioma. Fuimos a comprar la comida juntos y, con mucha ilusión, nos invitaron a cenar con la familia de una de ellas en el gran parque que hay detrás del mercado.

Entrada del parque.

Diez minutos antes de las 19:20, hora a la que cae el sol y el momento a partir del cual acaba el ayuno en esta parte del país, los últimos se van sentando y el parque ya es un enorme picnic. Nosotros estábamos sentados con unas doce personas. La comida se va sirviendo en los platos: arroz, carne, rollitos, verduras, salsas… y comienzan a abrir las bolsas de las bebidas. Suena la sirena pero no todos empiezan a comer, si no que tranquilamente terminan sus conversaciones y se van incorporando. Media hora después empieza a levantarse el jaleo, los niños juegan en el césped y los adultos hablan, fuman, beben. También llegan las fotos, que no pueden faltar en cualquier evento asiático.

Sacando la comida.

Nos levantamos juntos y caminamos. Todos se dirigen a la mezquita. Nosotros, que a pesar de ser muy posiblemente los únicos no musulmanes allí nos hemos sentido parte del evento, seguimos la calle en un agradable paseo hasta nuestro hostel.

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