Emerald Cave en Koh Mook, un escondite pirata

Desde que Florian supo de la existencia de la Emerald Cave, mucho antes de tener ningún otro plan para el sur de Tailandia, quedó claro que fuera cual fuera la ruta iríamos a Koh Mook. Y no creo que seamos los únicos que después de ver imágenes del lugar queramos bañarnos en su peculiar playa.

Es una pequeña isla situada en la provincia de Trang, aunque más grande que muchas de sus vecinas. En algunas de ellas no hay nada más que selva, playas y unos pocos resorts para los turistas que quieran aislarse de todo. En Koh Mook también habita gente, gente sonriente y muy amable con una forma de vida propia. Viven principalmente del mar y del turismo. Este último no es para nada masificado, la isla tiene una infraestructura simple pero más que suficiente. Junto con las playas paradisíacas y la jungla, los locales fueron el principal motivo por el que estuvimos encantados durante los días que pasamos allí.

El cuarto motivo fue la cueva que habíamos venido a ver. La mayoría de viajeros pasan por la isla en un tour organizado de un día por las diferentes islas de la zona. En Koh Mook la Emerald Cave es la principal atracción y para estos tours casi siempre la única. No queríamos visitarla en un grupo de decenas de personas y encontrar dentro unas cuantas más porque el espacio está solo abierto hacia el cielo.

La Morakot Cave (como la llaman aquí) solo es accesible nadando o en kayak y está justamente en la parte opuesta al pueblo en la isla. Fuimos al muelle a hablar con los propietarios de las barcas. Decidimos ir a las 7 de la mañana porque ellos mismos nos dijeron que era la mejor hora para evitar las excursiones en grupo y que la marea nos permitiese el acceso.

A esa hora el embarcadero ya bullía de gente local que salía de la isla a comprar o buscar mercancías, pescadores que preparaban sus barcas o empezaban a trabajar, ayudantes de los pequeños ferrys… y allí estábamos también nosotros buscando nuestra long-tail.

koh mook

Salimos enseguida y en media hora estábamos delante de las inmensas rocas que ponen fin a Koh Mook por el oeste. Paró el rústico y ruidoso motor delante del hueco por el que se entra a la cueva, bastante pequeño comparado con el tamaño de la pared. Saltamos a las transparentes aguas con el chaleco salvavidas puesto y empezamos a nadar hacia la entrada. No sabemos escribir (ni pronunciar correctamente) el nombre del simpático guía conductor de long-tail que nos acompañó, pero el caso es que encendió la linterna y nos indicó que lo siguiéramos.

Hasta donde alcanza la luz natural de la mañana, el techo de la cueva es un espectáculo de colores y formas. Durante unos minutos más solo se ven los picos que alumbra la linterna y después de una curva la luz entra desde la impecable playa atrapada entre paredes de rocas y vegetación exuberante. Éramos nueve personas allí dentro y, a pesar de estar rodeados por los cuatro costados, se nos antojó enorme. Apenas habló nadie, solo mirábamos a los 360 grados de naturaleza salvaje y yo me preguntaba cómo se había llegado a formar semejante paisaje de indescriptible belleza. Cuenta la leyenda que este lugar sirvió a los piratas para esconder sus tesoros, y digo yo que quizás los dejaron allí y de ellos ha surgido lo que ahora vemos.

emerald cave

Emerald Cave

No acabó lo bueno al salir de Emerald Cave, ya que el hombre cuyo nombre no recordamos de vuelta nos llevó a dos rincones de la isla a hacer snorkel y se nos cruzaron peces tropicales y plantas de colores que nunca habíamos visto.

Si volviéramos a Koh Mook (que volveremos) repetiríamos la experiencia de quedarnos varias noches para disfrutar de todo lo que ofrece la isla y no solo de la famosa cueva, que volveríamos a visitar madrugando mucho.

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