Últimos días en la tierra del hielo y el fuego: Círculo Dorado

 

Una vez en Reykjavik habiendo terminado la vuelta a Islandia en autostop nos pusimos cómodos en la terraza del bar Coocoo´s, en el puerto. Pensando y comentando sobre las últimas semanas nos dimos cuenta de lo corto que se nos había hecho; tantas cosas diferentes habíamos visto, tantas personas nuevas, tantos lugares en los que habíamos dormido, que no habíamos sido conscientes de lo rápido que pasaba el tiempo. El sentimiento de haber avanzado frenéticamente contrasta con la sensación de tranquilidad que nos ha acompañado a lo largo de los más de 2000 kilómetros recorridos.

La tarde parecía ser fugaz también y tuvimos que parar y centrarnos en el plan para los últimos días antes de que llegara la noche. No sabíamos entonces qué hacer ni dónde ir, solo teníamos clara la visita a Geysir. Pasamos de largo por la zona al principio del viaje porque nos dejamos llevar por las recomendaciones de Elin, y tal y como ella propuso, lo pospusimos para el final.

Las previsiones mostraban lluvia constante, así que alquilamos un coche para poder aprovechar desplazándonos independientemente del tiempo.

Con las mismas cogimos la carretera y lo que surgió de los últimos tres días fue la ruta más popular y transitada de Islandia, sobre todo entre los viajeros que pasan un fin de semana o poco más por la isla: el Círculo Dorado y alrededores. Es un itinerario corto que empieza y termina en Reykjavik.

GullfossEmpezamos por la cascada de Gullfoss, haciendo visita nocturna y también a la mañana siguiente. Por la noche nos encontrábamos solos por el camino de tablones de madera y escuchar el sonido que provoca la fuerza del agua al acercarnos ya nos puso los pelos de punta. Llevábamos un par de linternas frontales y lo demás era oscuridad absoluta. No vimos mucho, más bien lo sentimos. Por la mañana el paisaje era totalmente diferente: ya no estábamos solos y la espectacular vista restaba importancia al sonido. El agua cae con fuerza por los múltiples saltos y genera una nube de polvo de agua que se ve desde muy lejos. No fue nuestro caso porque el cielo estaba totalmente tapado, pero gracias a esta nube muchos tienen las suerte de contemplar Gullfoss bajo un ancho arcoiris.

Gullfoss

En el valle de Haukadalur estuvimos casi todo el día. Cruzamos la carretera y nos quedamos mirando las fumarolas y los extraños colores de la tierra, justo después Strokkur. Es un geiser, que ya de por sí es algo nuevo para nosotros, pero es que además erupciona cada 4 o 5 minutos a una altura de unos 20 metros. No contamos las veces que lo esperamos, pero muchas. Pasamos por los demás géiseres, más tranquilos, y subimos la montaña. Acabamos con el barro hasta las rodillas pero las vistas merecieron mucho la pena.

Strokkur

Hicimos algunas paradas cortas, según la intensidad de la lluvia. Estos últimos días estamos hablando mucho del tiempo. No es que sea un impedimento para nosotros la lluvia ni el viento, pero hemos tenido auténticos temporales. Para las excursiones a las montañas nos ha afectado también lo bajas que están las nubes, que dificultan la visibilidad.

Thingvellir es de vital relevancia histórica en la cultura islandesa por ser el lugar donde se practicaba la democracia y donde fue declarada su independencia. Su importancia geológica se debe a que justo allí confluyen las placas tectónicas euroasiática y norteamericana, hecho que ha moldeado profundas grietas y cañones.

Teníamos un poco de rabia porque cada vez que queríamos subir a un volcán llovía, hacía un viento de miedo o ambos. Con el mapa abierto comprobamos que estábamos conduciendo en dirección al volcán más activo de toda Islandia: el Hekla. Decidimos seguir para dormir en los alrededores y desear muy fuerte que las previsiones fueran erróneas para subir al día siguiente. No funcionó. Las nubes no se alejaron y la visibilidad era bastante baja, así que no nos sentimos seguros y lo dejamos pasar.

¿Qué hacen tantos coches en medio de la carretera? ¿Un atasco en medio de la nada? No habíamos visto en la carretera más de 4 o 5 coches juntos y ahora no podíamos avanzar. Cuando ya habíamos pasado de suponer a aceptar que había un accidente de tráfico (las ambulancias sonando alimentaron el drama), descubrimos con alegría que estábamos dejando paso a cientos de ovejas que cruzaban la carretera a su vuelta de las montañas. El Réttir es una fiesta para los islandeses. Paramos el coche y salimos a curiosear. Cuando empezó el viaje, fuimos inmensamente felices al ver cómo viven allí las ovejas, entre otros animales. Llegué a pensar que son libres. Entonces te miran como si fueras la persona más inocente del mundo y al final ahí está la realidad, cada oveja está marcada con el número que la hace pertenecer a uno u otro ganadero. Pues el Réttir es el evento en el que cada uno recoge a sus animales. Allí conocimos a Diddi, que fue quien nos explicó cómo va todo, y a sus tres caballos.

Muchos locales nos han dicho que no están contentos con la popularidad del Círculo Dorado porque creen que está provocando que la imagen de Islandia se relacione solamente con esa zona. Estamos totalmente de acuerdo en que Islandia es mucho más que el Golden Circle y no podemos imaginarnos un viaje al país durante un corto fin de semana. Aún así, si no tienes la posibilidad de quedarte más, esta ruta está más que recomendada.

Otro punto cerca de Reykjavik y fuera del Círculo Dorado que nos dejó boquiabiertos es la cascada Glymur. Escribiendo esto nos sentimos como si estuviéramos desvelando un secreto que algunos han pactado guardar. Miramos información en internet y en dos guías que llevábamos sobre qué hacer cerca de la capital para hacer una última parada y pasar la tarde. Un pequeño texto en una de las guías mencionaba Glymur sin concederle demasiada importancia. Como se encuentra en la zona donde mejor tiempo se preveía, nos decidimos a ir.

La carretera, con constantes desniveles, discurre a la orilla de un hermoso fiordo. Limita con suelos verdes donde pastan tranquilos los caballos y con bosques intermitentes. La vista durante el trayecto hace la conducción muy amena. Al final del fiordo hay que tomar un desvío y hacer unos pocos kilómetros por una carretera en mal estado, pero accesible para cualquier tipo de vehículo. Después del parking el camino a pie empieza por un terreno fácil y un camino bien definido entre matorrales y flores moradas, con bonitas vistas al fiordo. Acaba en una cueva poco iluminada bajo la lava que conduce a la orilla del río Botnsá por unas escaleras. Un tronco sobre el río con un cable paralelo tensado hacen las veces de puente para cruzarlo, el viento y la fuerza con la que baja el agua entre las rocas le dan emoción.

A partir de ahí el sendero se complica un poco por el fuerte desnivel ascendente: en pocos metros pasamos de la orilla del río a la parte media alta del cañón, subiendo un terraplén con barro y piedras agarrados a unas cuerdas que han instalado para facilitar la subida. Es apto para cualquier persona con una forma física normal, pero lo desaconsejamos para ir con niños pequeños o personas mayores. Una vez arriba el camino se hace fácil otra vez, aunque al avanzar al filo del despeñadero hay que caminar con cuidado de no resbalarse. Desde aquí las vistas son impresionantes: las verdes paredes del cañón y al final el río con forma de serpiente, el fiordo desde otra perspectiva encuadrado entre las montañas, el suelo desde el que brota el agua… y unos metros más adelante Glymur: casi 200 metros de cascada cayendo entre las estrechas paredes. Nos pareció uno de los lugares más mágicos que habíamos visto y nos alegramos de estar casi solos en el largo tiempo que nos sentamos sobre una roca en silencio. Se puede subir después hasta lo más alto y asomarse al cañón. Vimos también que algunos bajaban por la otra parte del río, pero nosotros hicimos el mismo camino de vuelta. La ida son unos 40 minutos y la vuelta un poco menos. Una tarde maravillosa!

En nuestra última noche acampamos no muy lejos del centro de Reykjavik. Nos pareció muy extraño encontrar un camping en medio de la ciudad. Fue el más completo de todos los que hemos estado, con mucho espacio, todo incluido en el precio, agua caliente, cocina gigante, wifi, ordenadores disponibles, barbacoas, sala para lavar la ropa… Pero sin duda lo mejor fue volver a encontrarnos con Philip y Lukas. Estos dos chicos alemanes nos ayudaron a montar la tienda nuestra primera noche. Llegábamos al camping y ellos ya marchaban. Habían aterrizado un día antes que nosotros y de ahí su ventaja. Ellos también hacían autostop y tampoco tenían planeada ninguna ruta, pero nos llegamos a encontrar hasta seis veces por casualidad. Normalmente les veíamos aparecer a la hora de cenar en algún camping, aunque nos los encontramos hasta por la calle! Esperamos volver a verlos algún día, más buena gente! Esa última noche la pasamos en las mesas exteriores del camping con ellos, algunos otros conocidos del viaje y con gente que se unió después. Por la mañana desayunamos todos juntos y nos despedimos.

Preparamos nuestras mochilas y recogimos nuestra tienda por última vez en mucho tiempo.

Fue una tarde despejada de paseo por la ciudad. El centro está repleto de bares, restaurantes y cafeterías decoradas con muy buen gusto. La mayoría de calles son peatonales y las casas están pintadas de colores, muchos árboles y streetart. Hasta ese día Reykjavik nos había parecido una ciudad diferente pero sin un encanto especial, la última tarde paseando nos dejó enamorados y cambió esa opinión por completo.

De camino al aeropuerto nos abordaron un cúmulo de sensaciones positivas. Estamos muy contentos de haber empezado viajando por un país tan diverso y amable, de una naturaleza exorbitante y activa, de gente abierta y con ganas de ayudar. Sin duda volveremos!!

Ahora brilla el sol en Hannover. Hemos llegado a Alemania y, después de una visita rápida a nuestro querido Berlín, nos hemos instalado unas semanas por aquí. Nos alegramos tanto de haber prescindido de muchas comodidades, porque sienta muy bien valorar lo que ya no tenía valor por ser parte del día a día.

Creo que ya casi es fin de semana, así que feliz fin de semana!

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