Chiang Mai, turismo y tradición

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Ayutthaya, 21:07h. Deberíamos subir al tren nocturno que nos lleva a Chiang Mai, la ciudad más importante del norte de Tailandia. Como suele pasar, esperamos más de una hora en la estación. Al no entender absolutamente nada de los avisos por megafonía por más que nos esforcemos, cada vez que para un tren tenemos que preguntar a uno de los trabajadores si es el nuestro. En las estaciones de tren y metro trabajan muchas personas. Estamos acostumbrados a la mecanización de nuestras ciudades y nos gusta el ambiente que le dan a las frías y antiguas plataformas con vistas a las vías el señor que indica a los pasajeros dónde colocarse, cuándo subir y bajar, el señor que levanta la bandera verde, el de la roja, el que vigila que todos estén dentro para cerrar las puertas y el que toca la campana. Para comprar comida y bebida hay puestos con vendedores, ni una máquina hemos visto.

Hemos encontrado las estrechas literas en las que vamos a pasar la noche y el caos que parecían los pasillos al entrar tampoco ha sido para tanto. Dentro del tren también viaja una plantilla de trabajadores completa. Además de dirigirte hacia tu sitio pasan vendiendo bebidas y comida ligera, que no se acerca ni de lejos al variado menú que atasca los pasillos de los trenes que hemos cogido de día y que convierte el aire casi en alimento.

Chiang Mai

La cama no es muy cómoda (sobre todo es pequeña) ni hemos dormido del tirón, pero doce horas han dado para mucho; ha cumplido de sobra nuestras expectativas y hemos llegado con energía. Un conductor de tuc tuc nos dijo al vernos sofocados por el calor y la humedad, estando en Ayutthaya, que nos preparáramos para cuando fuéramos a Chiang Mai, que es el norte y hace mucho frío. Aún estamos dudando si estaba de broma (porque para nada lo parecía) o el hombre pensaba de verdad que iba a hacer frío, o si acaso le parece que a los más de 30 grados que hace aquí durante el día se les puede llamar frío solo porque no se mezclan con la pegajosa humedad de día y de noche por la cual bautizamos a Ayutthaya como “la sauna”.

Chiang Mai

El sistema de cables tailandés

A las puertas de la estación los conductores de los autobuses rojos abordan a todo el que salga del tren. Literalmente. Preguntan el alojamiento al que se dirigen y no aceptan otra respuesta que no sea el nombre del alojamiento, insisten y si no consiguen un sí esperan al lado hasta que lo repiensen. Suponemos que los demás también terminan subiendo por la presión, tal y como hemos hecho nosotros y los gallegos con los que intentábamos ubicarnos en el mapa de papel mientras el conductor metía el dedo para señalar dónde estaba nuestro hostel haciendo ver que tenía clara la ruta. Al llegar al bus hemos entendido que la presión la justificaban las otras cuatro personas ya montadas que esperaban a que el señor rellenara las plazas y convirtiera el vehículo en una lata de sardinas. Solo estamos comprobando lo que tanto hemos escuchado: Chiang Mai es una ciudad muy turística.

Después de cinco días entre la ciudad y los alrededores lo podemos confirmar. Se nota que por allí pasan muchos turistas, porque muchos negocios han perdido tradición para adaptarse a las culturas visitantes, porque los puntos de información son demasiados, porque la oferta de actividades turísticas es infinita y básicamente porque los ves; estamos en todos los templos, en todas las tiendas, en todos los mercadillos y en todos los cafés y restaurantes. No tenemos nada en contra, pero lo cierto es que muchas veces, cuando el turismo se vuelve masivo, tiñe los lugares de colores, formas, sabores y olores conocidos que acaban con la autenticidad y el carácter propio que buscamos al salir de nuestras casas.

Chiang Mai

Para nosotros, Chiang Mai es una de las ciudades que tiene un ambiente especial que nos gusta. Quizás sea por tanto viajero, o no. Alguna vez nos cansó (e incluso disgustó) caminar por mercadillos abarrotados imposibles de disfrutar y sobre todo encontrar los típicos “circos” montados para sacar unas monedas del turista a costa de la religión, los niños o los animales, pero fueron las que menos. Pronto aprendimos a salir del meollo y descubrimos una ciudad en la que visitantes y locales pueden convivir, influenciándose y respetándose. En sus calles siempre despiertas, dentro o fuera de la muralla, se encuentra lo que sea que se busque. Sobre una moto comprobamos que efectivamente el tráfico es desmesurado, pero que no es tan desordenado como se ve desde la acera.

Estamos combinando los verdes y frondosos alrededores con el asfalto y el aire cargado de mezclas de aromas de todo tipo, conociendo a buena gente y apreciando el estar a solas, intentando transmitir que nos gusta mucho la turística ciudad de Chiang Mai.

Grabamos un breve vídeo para enseñaros un poco la ciudad:

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